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Günter Grass, conocido en el mundo entero por sus novelas El tambor de hojalata, El gato y el ratón y Años de perro, es autor del tercer tratamiento del tema “Coriolano” para el teatro: Los plebeyos ensayan la insurrección. No es la primera vez que Grass incursiona dentro del género dramático como escritor; ya antes ha estrenado tres obras de duración normal: Inundación, Onkel Onkel y Los malvados cocineros, y una obra corta: Sólo diez minutos a Búfalo. De las narraciones de Tito Livio y Plutarco, Shakespeare es el primero en tomar la historia de Cayo Marcio en su tragedia Coriolanus. Bertolt Brecht se basa en Shakespeare para hacer su propia adaptación de la tragedia, trabajo que deja un tanto cuanto inconcluso –quería dejar un poco a la inventiva de los actores la resolución de las escenas bélicas contra los volscos–; pero cuya resolución básica aparece con claridad en el texto que se conserva. Günter Grass, consciente de lo espinoso del tema, intenta una tercera revisión tomando las versiones brechtiana y shakesperiana como punto de partida y material textual utilizable aquí y allá en el transcurso de la obra. El asunto básico de la historia, como se recordará, es el siguiente: en Roma los plebeyos quieren sublevarse en contra de los patricios. El precio del trigo respaldado principalmente por Cayo Marcio, los oprime. En vista de una guerra inminente contra los volscos, se acuerda nombrar entre los plebeyos, a fin de ganarlos para las armas, a dos tribunos que sean sus representantes ante el senado. En la guerra los plebeyos se muestran amedrentados, mientras Cayo Marcio se muestra como un héroe de singular valentía; en la victoria, los plebeyos se pelean el botín, y Cayo Marcio rechaza la parte que le corresponde. El tremendo valor de Cayo Marcio le ha conquistado a Roma la ciudad de Corioles, lo que le vale al héroe el sobrenombre de Coriolano. De regreso en Roma el héroe es festejado por la misma plebe que antes le era hostil. Quieren inclusive nombrarlo cónsul a pesar de que Coriolano no ha dejado de humillarlos e insultarlos. Pero los tribunos recientemente nombrados impiden la elección, lo cual vuelve a poner frente a frente a plebeyos y patricios. Los insistentes insultos de Coriolano para los plebeyos hacen que ni siquiera los nobles puedan seguir apoyándolo cuando los tribunos piden su destierro. Coriolano, ya fuera de Roma, se pasa al enemigo que lo acoge gustoso. Coriolano, con un ejército volsco, le pone sitio a Roma. Ninguno de los patricios, antiguos amigos suyos, pueden persuadirlo a que deje de lado el ataque contra su pueblo natal. Pero Volumnia, madre de Coriolano, consigue que éste retire las tropas y no caiga sobre Roma. Esto convierte a Coriolano en traidor a sus aliados: los volscos lo asesinan por ello; pero los jefes del ejército respetan la grandeza del héroe y honran su memoria. |
patricios han despreciado siempre a los plebeyos; pero para hacerlos ir a la guerra fingen amarlos y les conceden dos voces dentro del Senado. Coriolano, al no aceptar las sugerencias de sus semejantes para alternar cortésmente con los plebeyos, es tachado de soberbio; pero el público que presencia la tragedia desde su localidad no podrá evitar simpatizar con la posición honesta –si bien equivocada en principio– de Coriolano. Es decir, Shakespeare hace que la soberbia de Coriolano pierda fuerza como defecto básico al mostrarla como una simple imposibilidad de mentir. Coriolano es soberbio pero es sincero, no hace concesiones hipócritas para ganarse el favor popular. Grass no sólo se da cuenta de la facilidad del camino tomado por Brecht, sino que advierte el derrumbamiento de la idea primordial en la anécdota. El peligroso atractivo en la historia de Coriolano es precisamente esa división emocional que produce en el público. Cuando Brecht la suprime comete una vulgaridad imperdonable y deja a la historia desprovista de encanto. Grass intenta otra cosa:
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