Se Alza el Telón
Malkah Rabell
El protagonista, otro triunfo de Humberto Zurita
Es extraño cómo esta obra: El protagonista, de Luis Agustoni dramaturgo argentino aún poco conocido en México—, se parece a la comedia dramática del autor inglés Ronald Harwood: El Vestidor. Es la instantánea impresión que adquirimos después del primer acto. A continuación empezamos a darnos cuenta que la semejanza es superficial. Centenares de obras se parecen unas a otras, porque no hay más que determinados temas en la historia humana, como sólo hay un determinado número de letras en el alfabeto. En la obra inglesa la primera figura no es el protagonista de las tragedias shakesperianas, el rey, sino un personaje que jamás aparece en las tragedias ya sean clásicas o modernas: es el personaje que en el anonimato del camerino viste al rey. Y nunca se nos ocurrió pensar que el hombre o la mujer encargados de semejante trabajo también tienen alma, y angustias, y miedos, y sufren si los olvidamos entre la multitud de desconocidos.
Nada de eso sucede en la obra de Luis Agustoni, donde el protagonista, la primera figura, la presencia inolvidable es la del rey, es decir el actor, que en el presente caso es el espléndido intérprete Humberto Zurita. ¿Quién no lo recuerda en el Sr. Butterfly? En el presente caso, un plano muy distinto, vuelve a demostrar que si fue el mejor actor del año 1990, lo sigue siendo en 1991, en un plan de muy distinta medida. El de un Don Juan Tenorio, a quien vamos conociendo sobre dos áreas: el del intérprete en el escenario del enamorado, que tantos autores famosos han inmortalizado, han revivido en una multitud de obras; y el del hombre de carne y hueso, que también donjuanescamente vive entre bambalinas su propio drama, que lo transforma más bien en la víctima de las mujeres en lugar de su victimario.
Estamos aquí ante un drama contemporáneo, un drama de generaciones. Femando, el Don Juan que las mujeres persiguen con mucho mayor tenacidad de lo que él desmuestra por ellas, es también padre de un jovenzuelo, cuya "rebeldía sin causa" no comprende, y las mejores escenas del drama —me parece más drama que comedia— son las entre padre e hijo; batallas de dos carácteres, que el hijo gana precisamente cuando se muestra dispuesto a matar para defender al padre de quien lo parecía separar un mar de odio y de incomprensión. El joven actor, Luis Mario Quiroz, que hace con el papel de Federico, su primera aparición en el escenario, parece haber ganado no sólo la batalla del hijo, sino del actor.
La tercera presencia en ese camerino de actor, donde un hombre se debate para sobrevivir y escapar a la fiereza amorosa de las mujeres, es la "Vestidora", que interpretada por Carmelita González hace maternal, protectora y llena de ternura cálida. Una actriz simpática en un papel simpático. Lo contrario les sucede a las dos intérpretes femeninas: Nuria Bages y Elena de Haro, que se disputan el corazón de Don Juan y lo dejan hecho una piltrafa. Entre las dos parecen más donjuanescas aue el hombre.
Una hermosa y funcional escenografía debida a David Antón, que se despliega, muy a sus anchas en el escenario amplio del Teatro "De la Unidad Independencia"; unos trajes, sobre todo los de Zurita, muy llamativos, enriquecen el espectáculo. En tanto, héroe casi anónimo, pero indispensable de esta brillante representación, es Sergio Jiménez, el excelente actor a quien pudimos admirar en decenas de caracterizaciones y esta vez ocupa la difícil dirección escénica, a la cual supo imponer ritmo, pasión, disciplina y dramatismo, sacándole a cada actor las mejores posibilidades.