Del sótano al cielo, comedia norteamericana, de Francis Swann, por la Cía. de Corona y Arau, en el teatro de la Comedia Armando de Maria y Campos |
Nunca, como ahora, México ha contado con tantos teatros. ¿Quiere decir esto que disfrutamos de un auge teatral? Sí y no. Todo es según el color... Un pueblo sin teatro es como un pueblo sin Dios, reza un viejo aforismo. El teatro es espejo y ejemplo, síntesis de cultura, escaparate de civilización. Los que no profundizan, suelen tomarlo como simple divertimiento. Pero su misma raíz mágica, enclavada en las más arcaicas esencias de lo humano, desmiente la interpretación frívola que, desde luego sin pensar mucho, alguien podría darle. El teatro es vario, diverso, polifacético. Puede tener la nobleza encumbrada de la tragedia y la insulsez del llamado género ínfimo español o de la comedia musical norteamericana. Pero aun en sus manifestaciones más torpes y groseras, no deja de cumplir su importante cometido, reflejar el sentido de una época, la psicología de un pueblo, la palpitación de una vida colectiva, y los sueños, las desiluciones, los ideales, las luchas y los conflictos de la condición del hombre, para enlazarlos, criticarlos y encaminarlos, o, simplemente, para ponerlos en la picota. De un nuevo espectáculo goza la metrópoli, espectáculo frívolo, sin hondura ni responsabilidad, sin trascendencia. Hecho de nada es, naturalmente, una madería. Los críticos de Norteamérica, porque este espectáculo es una comedia estadounidense, la han encontrado "alegre y divertida", de un "delicioso sabor juvenil", etcétera. |
Out of de frying pan, traducida por Rosa Furman con el título de Del sótano al cielo, es la comedia, y su autor, Francis Swann, ha merecido, como ya dije, optimistas elogios de quienes escriben en importantes periódicos de Nueva York, Washington o Baltimore. En realidad, el espectáculo de origen norteamericano que viene a poner una nota de frivolidad en nuestro clima teatral, tan enrarecido por vientos extraños a la fina sensibilidad del mexicano, no tiene nada de... nada. Su libreto es insignificante; el movimiento de sus escenas, externa y artificial, se debe a la dirección ágil, ingeniosa y divertida de sus directores Jorge Landeta y Raúl Cardona. El diálogo es vacío como nuez vana; los personajes son convencionales o artificiales. Pasan muchas cosas para que un grupo de seis muchachos alocados, que desean ser actores, logren la atención de un productor de espectáculos tontos, más tonto él que sus tontos espectáculos, y... ¡todos nos divertimos! |
destaca Otilia Larrañaga, primor de actriz del grupo, y Josefina Léiner y María Eugenia Sanmartín, rotundos capullos que pronto florecerán en actrices, si no se tuercen o malogran. Los actores profesionales Consuelo Monteagudo y León Barroso, componen con acierto dos tipos inverosímiles por lo caricaturescos, y completan el conjunto Pancho Córdova -debutante en las tablas-, Armando Luján y Carlos Jordán. Cuando el interés empieza a decaer, Corona y Arau encabezan un mambo fenomenal que unifica al público en carcajada y regocijo. La escenografía, de Ángel Quirós, es amable y discreta. |