FICHA TÉCNICA



Título obra La ley del Ranchero

Autoría Hugo Salcedo

Dirección Edgar Valadez

Elenco Edgar Valadez, Héctor Iván González Ramírez, Elizabeth Pedroza, Emiliano Yáñez, Gilberto Alanís, Itzel Aparicio, Juan José Sánchez, Sergio Rued, Guillermo Revilla

Espacios teatrales Foro La Gruta

Referencia Bruno Bert, "La ley del ranchero. En sintonía con el underground local", en Tiempo Libre, 31 enero 2013, p. 31.




imagen facsimilar

Referencia ElectrÓnica

Tiempo Libre

Columna Teatro

La ley del Ranchero
En sintonía con el underground local

Bruno Bert

Para ir abriendo el apetito a la temporada, es bueno comenzar el año con una puesta del Ciclo Opera Prima, del Centro Cultural Helénico. Y más si el autor es Hugo Salcedo, un dramaturgo capaz de actualizar su prestigio y su lenguaje sin perder el habitual enfoque sobre la realidad social de su región. En este caso se trata de La ley del Ranchero, bajo la dirección de Edgar Valadez, con un grupo de jóvenes actores del Centro Universitario de Teatro en proceso de profesionalización.

El grupo –constituido como "El loco teatro"– ambienta el pequeño espacio de La Gruta con apenas dos o tres referencias procedentes de los cómics populares mexicanos, ampliando sus páginas, que servirán con su diseño ingenuo y sus textos estereotípicos, como fondo a las narraciones. Tres o cuatro pequeñas historias que finalmente se amalgaman en una sobre el cierre.

El tema es siempre el mismo: los jóvenes en su cariz homosexual. Deseos reprimidos, distorsionados, devaluados y finalmente canalizados a través de la violencia y la muerte corno un justificante frente al rechazo que ostenta la moral tradicional de su hábitat. Sólo que en este caso, el desarrollo nos muestra que aquello que siempre existió de manera subterránea, ahora se hace de forma prácticamente abierta, casi ostensible, con códigos fronterizos y en clara concordancia con el proceso de incorporación de estos tabúes que se ve a nivel nacional a través de los medios y las leyes, aunque estas resulten palabra muerta en muchos espacios con arraigados tradicionalismos morales.

Salcedo muestra aquí una dualidad de lenguaje: por un lado utiliza uno coloquial, muy crudo, muy de cantina y entre iguales; y por el otro genera una cierta poética de la violencia, con toques un tanto kitsch, justamente como suele suceder en los pequeños libritos historiados de los que hablábamos al principio. No hay tintes moralizantes ni apologías de la muerte, pero todo está mirado desde un ángulo preciso, ambiguo, desafiante, que deja de lado lo meramente testimonial para captar el regusto de la cultura popular, con lo que de bueno y también de deformante que ésta puede tener.

Los actores son Edgar Valadez (es decir, el propio director), Héctor Iván González Ramírez, Elizabeth Pedroza (que naturalmente se advierte como mujer y no como transexual), Emiliano Yáñez, Gilberto Alanís, Itzel Aparicio, Juan José Sánchez, Sergio Rued y Guillermo Revilla. Dejando de lado la duda sobre la pertinencia de la incorporación de dos mujeres en un mundo exacerbadamente marcado por las variantes de la sexualidad masculina, podemos decir que todos invierten una presencia comprometida y manejan los estereotipos propuestos con decisión, sustituyendo en algunos casos la falta de una mayor experiencia con un claro compromiso son su trabajo. A su vez,' el director opta por una construcción sencilla y clara que le permite concentrarse en lo fundamental del discurso, sin posibles desviaciones preciosistas.

En definitiva, un mundo no muy conocido para los que no somos del norte, pero capaz de hallarse en sintonía con el underground local, marcando las diferencias dentro de una mexicanidad global tan poco aferrable, pero existente. Una mirada, además, a los nidos de violencia que nos tienen acostumbrados a localizar sobre todo en las periferias del narco. Un material propositivo, provocador, vasto tal vez en algunos aspectos, pero orientador de algunos de los intereses de las nuevas generaciones de actores y directores de nuestro medio.