FICHA TÉCNICA



Título obra Tennessee en cuerpo y alma

Autoría Ximena Escalante

Dirección Francisco Franco

Elenco Hernán Medonza, Dora Cordero, Itatí Cantoral, Eduardo Tanús

Espacios teatrales Teatro Casa del Lago Juan José Arreola

Referencia Bruno Bert, "Tennessee en cuerpo y alma. Homenaje a un deseo", en Tiempo Libre, 22 noviembre 2012, p. 21.




imagen facsimilar

Referencia ElectrÓnica

Tiempo Libre   |  

Columna Teatro

Tennessee en cuerpo y alma
Homenaje a un deseo

Williams no sólo fue un gran escritor, tino también el laborioso gestor de su propio mito. Uno doloroso, claro, que de alguna manera recuerda a otro grande –Truman Capote– que fue su contemporáneo. Y para Tennessee podríamos parafrasearlo diciendo que también él era alcohólico, drogadicto, homosexual y genio. Vivió 71 años, pero las últimas décadas (¡tanto así!) fueron de tortura frente a la pérdida progresiva de su talento, de su capacidad misma para una escritura potente como aquella que lo hizo famoso y la sensación de que su prestigio social iba diluyéndose sin remedio. Finalmente, murió asfixiado por el tapón de un frasco que intentó abrir con la boca en uno de sus momentos de crisis. Un final digno, por su patetismo, de figurar en una de sus obras teatrales, siempre plagadas de vencidos por una realidad implacable con la que no logran dialogar.

Ahora, Ximena Escalante, con la dirección de Francisco Franco, lleva a escena en Casa del Lago Tennessee en cuerpo y alma, que justamente trata de esos últimos dolorosos años. Hay un personaje real, que es el propio escritor en su despacho, y tres otros que proceden de su fantasía o delirio: Blanche Dubois, la protagonista trágica de Un tranvía llamado deseo, su obra más famosa y lograda; un "masculino" anónimo, mezcla de sus muchas contradicciones sentimentales y eróticas y una especie de médium, intermediadora entre él y estos seres. Naturalmente, el planteo es de un naturalismo fantástico, como ese que debe existir en la cabeza de un individuo de esa naturaleza a las tres de la mañana después de muchas pastillas, whisky y hojas en blanco. Sólo que el tono cambia y aquí la autora prefiere uno amable, hasta con toques de humor, al posiblemente muy sombrío que debió existir en la realidad. No deja de ser extraño, porque recorre la impotencia pero no el dolor que ésta produce, y se hunde en un mar de palabras que justamente son el motivo de esa desesperación, ya que es el material rebelde que el escritor no logra subordinar a sus planes y deseos.

Tennessee está encarnado por Hernán Mendoza, quien lo hace de manera no sólo verosímil sino muy empática, pero un tanto desapegado a esa especie de destrucción progresiva que vive. Él también es un personaje que no encuentra su obra, pero no hay una fibra interna que nos lleve por el último de los laberintos, y queda en los gestos exteriores y en las palabras repetidas sin encontrar la desesperación, tal vez fría, pero seguramente existente, del silencio creativo.

Itatí Cantoral es Blanche, la que reclama una nueva oportunidad –como el escritor mismo, ya que ha sido repetido muchas veces que ella es algo así como su alter ego– y tiene un algo de su tristeza y de la superficialidad intrascendente del original, pero tal vez le falta locura (una frontera, no una actitud) a pesar de las ropas, y esa capacidad de, producir fascinación y rechazo a un tiempo. Dora Cordero construye un personaje kitsch de palabras que rebotan, y grandes entradas y salidas, que se van gastando en la repetición con variantes. Es un juego absurdo, bien trazado, que nos aleja de cualquier tentación melodramática. Finalmente, Eduardo Tanús es una sombra ambigua, tal vez demasiado débil, pero eficaz en los momentos más necesarios. El conjunto se ve bien amalgamado por la dirección –tal vez aquí el vector más sólido e importante–, que traza las reglas del juego y lo lleva a cabo sin sorpresas, pero también sin tropiezos.

Por último, resulta curioso que la obra termine con un cierto sentido de esperanza, mientras el autor escribe por primera vez sin detenerse y sus personajes lo observan con admiración. La realidad no fue así, a pesar de las muchas piezas compuestas en su largo crepúsculo. Pero seguramente Ximena Escalante le brinda un homenaje –merecido, por supuesto– a un deseo y a un esfuerzo que quizá sea el mayor capital, de casi todos los escritores de cualquier época.

Tennessee en cuerpo y alma, de Ximena Escalante. Din Francisco Franco. Con Itatí Cantoral, Hernán Mendoza, Dora Cordero y Eduardo Tanús. Casa del Lago Juan José Arreola, Antiguo Bosque de Chapultepec, entrada por Paseo de la Reforma (Metro Auditorio), 5553-6318. Viernes, 20:00; sábado y domingo, 19:00 horas. Locs. $200 general; $100 estudiantes, maestros y afiliados al Inapam. Adolescentes y adultos. Estacionamiento. (Centro)


Notas