FICHA TÉCNICA



Título obra Misericordia

Autoría Hugo Alfredo Hinojosa

Dirección Daniel Giménez Cacho

Elenco Julieta Egurrola, Rocío Leal, Teresa Rábago, Érika de la Llave, Ana Ligia García, Gabriela Núñez, Renata Ramos, Carmen Mastache

Iluminación Philippe Amand

Espacios teatrales Teatro Casa de la Paz

Referencia Bruno Bert, "Misericordia. Un producto coyuntural", en Tiempo Libre, 19 julio 2012, p. 15.




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Referencia ElectrÓnica

Tiempo Libre   |  

Columna Teatro

Misericordia
Un producto coyuntural

Un grupo de actrices de la Compañía Nacional de Teatro, bajo la dirección de Daniel Giménez Cacho, han estrenado una obra de Hugo Alfredo Hinojosa que lleva por nombre Misericordia y trata de las víctimas desaparecidas o ultimadas que geométricamente van aumentado en nuestro medio en los últimos años.

Su principal característica es que tiene como eje las Caravanas de la Paz encabezadas por Javier Sicilia e intenta alejarse de un posible melodrama realista a través de la oniria y la fragmentación del discurso, así como de un posible maniqueísmo evitando fronteras demasiado marcadas entre la identidad de las víctimas y la de los victimarios, del comportamiento de unos y otros, capaces a veces de cruzar el espacio aparentemente irreductible que los separa.

El director ha optado por despojar al teatro de su aparato ilusionista y desnuda el lugar con la sola excepción de un piso, que bien podría ser un desierto o una carretera. También las luces pierden sutileza y se vuelven referencias crudas sólo matizadas en ciertas escenas. Esto bajo la creación de Philippe Arnand en ambos casos.

El texto contiene ya esa característica que luego adquirirá todo lo demás: una cierta provisionalidad, una aspereza no sólo de lenguaje sino también de construcción, una indefinición que impide que se le imponga un camino claro desde el principio: se da como testimonio, se mezcla con lo ficcional, intenta lo épico, cae a veces en el melodrama que generalmente evita... tiene una unidad de intención pero su estructura formal se abre y fragmenta, forma islas, se contradice, empieza de nuevo... y sus resultados tanto caminan por los espacios de la conciencia como se anegan en el charco de las penas, la conmiseración, el dolor y la empatía. Resulta un producto coyuntural y por lo tanto mucho más vecino a lo político que a lo artístico.

Naturalmente lo fundamental es el factor humano: las actrices, asumiendo el rol de las madres, compañeras, hijas, hermanas de los desaparecidos. Todas ellas consagradas por años de experiencia y un indudable talento, nombres que todos reconocemos como fundamentales en el panorama teatral mexicano. Y tal vez esto no siempre juegue a favor, porque cuando hay un desate de sentimientos (en casi todo el trabajo) la catarata de las empatías puede ahogar a media platea frente a la fuerza de cada, una de estas caminantes capaces de solos impresionantes y desgarradores. Claro que sería injusto acusar a un intérprete de entregarse a su trabajo, más bien habría allí que ver por qué la dirección no graduó con más rigor el río de dolor, como un réquiem magnífico en lo artístico y violento en lo exponencial. Ellas son Julieta Egurrola, Rocío Leal, Teresa Rábago, Érika de la Llave, Ana Ligia García, Gabriela Núñez, Renata Ramos y Carmen Mastache.

Finalmente, el trabajo se cierra con un extenso poema de María Rivera, de gran fuerza y en todo congruente con el resto de la obra. Las actrices no salen a saludar, cosa que parte del público no alcanzó a comprender (como la espectadora que estaba a mi lado) pero que se me hace como de absoluta y elemental corrección.

¿Qué más? En el programa de mano Daniel Giménez Cacho define al trabajo como "un grito", y creo que está en lo cierto. Con las virtudes y defectos que esto implica; con los peligros y beneficios anexos a un montaje que apela mucho más a las sensaciones que a los pensamientos. Muy justas las primeras, muy necesarios los segundos en un momento histórico en donde la política está llena de atroces lugares comunes y una falta casi absoluta de imaginación para transformar eficazmente a la realidad, que tan dolorosa e injusta nos resulta.


Notas