FICHA TÉCNICA



Título obra La tragedia de Macbeth

Autoría William Shakespeare

Dirección Laura Almela y Daniel Giménez Cacho

Elenco Daniel Giménez Cacho y Laura Almela

Iluminación Gabriel Pascal

Notas de Música Rodrigo Espinosa/sonido

Espacios teatrales Teatro El Milagro

Referencia Bruno Bert, "La tragedia de Macbeth. Un desafío", en Tiempo Libre, 5 julio 2012, p. 17.




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Referencia ElectrÓnica

Tiempo Libre   |  

Columna Teatro

La tragedia de Macbeth
Un desafío

A bordar un clásico siempre debiera ser una forma insólita de recuperar la mirada sobre algo que ya se ha presenciado muchas veces. De lo contrario, es meramente repetir un discurso. Así, esta reposición de La tragedia de Macbeth, el clásico de Shakespeare, por Laura Almela y Daniel Giménez Cacho se vuelve un desafío a manos de dos profesionales del teatro.

El espectáculo planteado se desnuda de todo lo que pueda no ser esencial (y tal vez aún más) prescindiendo de elenco, vestuario, escenografía y al parecer hasta de dirección, escénica, dejando en sólo un actor y una actriz todo el peso de la tragedia encausada en los versos famosos. Es más, hasta el género se deja de lado, ya que los múltiples personajes tanto femeninos como masculinos son asumidos por ellos casi indiferenciadamente. Y otro paso: hasta el protagónico mismo se ve segmentado, volando su identidad de un cuerpo a otro según la circunstancia y el momento.

Frente el asumir de tales desafíos, uno de pregunta si la pareja escénica no ha sido contagiada por la esencia de Macbeth, es decir, por esa incontrolada necesidad de poder que vuelve a todos secundarios y prescindentes; que lo coloca en un vórtice que no puede compartirse más que con el público, cierto espejo de nuestra propia conciencia, como las brujas del páramo. Y no es que no haya tenido antes oportunidad de ver obras de veinte personajes reducidas a monólogos, pero generalmente esas indigestiones suelen pagarse con el rápido olvido del intento. Aquí, el talento, el rigor y no poco la furia de los dos actores mancomunados en una misma y tal vez insensata idea, los vuelve como la sombra de los personajes, creando un sustrato que los sostiene apoyados justamente en los puntos débiles, creando el asombro mientras no perdemos un ápice de la historia tantas veces recorrida y nos conmovemos con ella.

Claro que hay sutiles apoyos que asumiríamos casi inadvertidamente en un contexto barroco, pero que aquí, en el vacío, se hacen fuertes: como la iluminación –casi un juego de ver o no ver, de intuir y presentir entre las sombras a cargo de Gabriel Pascal, o el sonido cercano a las resonancias expresionistas de Rodrigo Espinosa. Pero tal vez lo esencial es el espacio, ese galerón tosco y amplio, bordeado en ese caso a ambos lados por gruesos cortinados negros, que contiene tanto a actores como espectadores, como garganta de monstruo, dispuesta a engullir aquello que la transite o a vomitar espectros y temores al menor cosquilleo. Vemos entonces que, cuando al teatro más que estilizarlo se lo somete a una ascesis, se hace nacer el sentido del horror, del peligro y la muerte con la belleza que naturalmente esto contiene. De hecho, todo el tiempo mientras compartimos el espectáculo asentimos y dudamos, aceptamos y rechazamos, es decir, abandonamos la pasividad para fijar un combate con la propuesta. En ese campo aun las dudas –que por supuesto las hay– se vuelven elogio ante la capacidad de riesgo y la solvencia para asumirlo.

El ritmo, cambiante naturalmente, tiene una media muy alta y los actores se multiplican en sensación de presencia, envolviéndonos en sus carreras y desplazamientos. No hay tiempo para pensar, sólo para seguir los acontecimientos con el asombro de reconocer siempre en quién está la palabra en ese juego velocísimo de mutaciones de identidad.

En fin, una experiencia donde un acto de indudable temeridad y soberbia, se vuelve base de recordación de viejas experiencias de trabajo con el actor que alguna vez convocara Grotowski, desde un espacio de humildad y rigor, en el filo de los setenta. El montaje está dedicado a Gurrola y a Margules, excelentes manes para el teatro mexicano.

La tragedia de Macbeth, de William Shakespeare. Dirs. Daniel Giménez Cacho y Laura Almela. Con Daniel Giménez Cacho y Laura Almela. Teatro El Milagro, Milán 24, Juárez, 5566-9423. Jueves y viernes, 20:00; sábado, 19:00; domingo, 18:00 horas. Loc. $200; descuento del 50% a estudiantes, maestros y afiliados al Inapam; $60 viernes. Adolescentes y adultos. Duración aproximada 110 mins. (Centro)


Notas