FICHA TÉCNICA



Título obra Versos para convocar homicidas

Autoría David Gaitán

Dirección Matías Gorlero

Elenco Claudia Trejo, Guadalupe Damián, Priscila Imaz

Espacios teatrales Foro La Gruta

Referencia Bruno Bert, "Versos para convocar homicidas. Hacer teatro escabulléndose de él", en Tiempo Libre, 7 junio 2012, p. 29.




imagen facsimilar

Referencia ElectrÓnica

Tiempo Libre   |  

Columna Teatro

Versos para convocar homicidas
Hacer teatro escabulléndose de él

David Gaitán es un dramaturgo joven mexicano que tiene en su haber media docena de obras, casi todas bastantes provocadoras, y viene apareciendo en los últimos dos o tres años con cierta frecuencia en nuestras carteleras, no sólo como escritor sino también como actor y director. Ahora, de él, se acaba de montar Versos para convocar homicidas, bajo la dirección de Matías Gorlero, conocido iluminador de nuestro medio desde hace muchos años, pero nuevo (o casi) en este rol. Tiene todo el aspecto de una producción independiente de bajo costo y ha encontrado en La Gruta un poco como su espacio natural de riesgo y comunicación con el público.

Parte de convocar a los tres personajes de Las criadas, de Genet. Pero no dentro de la obra que les dio vida en la ficción, sino después de ella. Y justamente el espectáculo comienza cuando las tres mujeres (la señora y sus dos criadas, claro) retiran una leve sugerencia escenográfica de lo que pudo ser el ámbito de la obra en una función que ha terminado, y se enfrentan tanto al vacío de la escena como al público que las observa. Paralelamente, el escenario marca en su fondo como otra breve escena, casi una vitrina, que viene a multiplicar el espacio de ficción. Este juego de cajas parece ser el eje conductor que marca el autor, anulando toda acción escénica y dejando la comunicación con el público casi como una discusión a-teatral, más allá de las historias y las tramas, cuestionando la relación del público con los personajes, la creación del hecho escénico, la significación de los personajes mismos... un verdadero filosofar tratando de hacer teatro casi escabulléndose de él.

Es curioso, porque juega como por pareja de elementos, lo que, tomando como ejemplo a las partículas y anti-partículas de la física, corren el riesgo de anularse entre sí al contacto, dejando el vacío como resultado. Y eso es lo que varias veces sucede durante el trabajo: el vacío emerge y tiende a descontrolarnos o al menos a perder la orientación de sentido de la experiencia.

Pero también es extraño ese revolotear de las palabras haciendo evidente el cuerpo "inútil" de las actrices, o tal vez de los personajes, en confrontación con los sólidos pero silenciosos espectadores privados, al revés, justamente de la voz a pesar de las reiteradas incitaciones a que intervengan y decidan. Pero claro, el público es amable y cuando lo incitan a participar lo entiende como parte de la acción... y toda la responsabilidad de la acción en teatro corre por cuenta del actor. Salvo que, como en este caso, no haya tal acción... pero entonces podemos homologar lo que sucede con algo así como una obra leída. Que hoy es muy difícil saber la diferencia entre "leído" y "actuado". Bueno, que con tantas interrogantes creo que comparto lo que la señora de al lado murmuraba a su acompañante: "Pero, ¿qué pretenden?", lo que me recordó a aquel texto de Brecht: "Yo voto por lo que quieran, pero ¡díganme lo que quieren!".

Así, con los personajes en estado de proto personajes pidiéndole al público (que a su vez sería un proto público) que se vaya, y éste esperando, porque obviamente el texto "por favor váyanse" no deja de ser un texto, sin entender muy bien cómo se constituye el teatro, cómo se lo desarticula y todos los etcétera del caso que finalizan cuando alguien se para de manera evidente, cruza la sala de manera sonora y sale como señal obvia por si alguien no entendió. Y al fin se puede aplaudir, aunque también se podría no hacerlo, entendiendo que no es una cuestión de calidades sino de convenciones. Bueno, que las que asumen el amasado de todos estos dilemas son Claudia Trejo, Guadalupe Damián y Priscila Imaz, que son excelentes y el propio Gorlero que aquí parece más respetuoso del proceso que director decidido. ¡Bah!, que si de homicidas se trata, eso de buscarlos entre el público no siempre es lo más conveniente, aunque se podrían compartir.


Notas