FICHA TÉCNICA



Título obra Don Giovanni o el disoluto absuelto

Autoría José Saramago

Dirección Antonio Castro

Elenco Martín Altomaro, Carlos Cobos, Lucero Trejo, Humberto Solórzano

Espacios teatrales Teatro Juan Ruiz de Alarcón

Referencia Bruno Bert, "Don Giovanni. Serie de desafortunadas consecuencias", en Tiempo Libre, 22 marzo 2012, p. 19.




imagen facsimilar

Referencia ElectrÓnica

Tiempo Libre

Columna Teatro

Don Giovanni
Serie de desafortunadas circunstancias

Bruno Bert

Es bastante usual que grandes narradores o cuentistas incursionen experimentalmente en teatro para descubrir que ese en realidad no es su camino. Ahí están García Márquez, Cortázar, Carlos Fuentes...y unos cuantos más. Ahora nos toca juzgar lo mismo en alguien como José Saramago. Vaya, en lo personal, antes del estreno del que hoy hablaremos nunca me había enterado que ese genial novelista portugués había intentado el arduo camino de la dramaturgia, lo que de antemano me hizo suponer que tal vez había llegado a la misma conclusión que los otros. Sólo que luego, una vez fallecido, son los demás los que deciden y un nombre tan impactante como el de Saramago –con Premio Nobel incluido– no es para desperdiciar sólo porque tal vez no reúna una calidad homologable al resto de su producción. Recuerdo hace unos años, en la enésima edición de las obras completas, completísimas, de Nietzsche, se discutía muy eruditamente si integrar o no las notas manuscritas que había dejado a su hermana a lo largo del tiempo sobre tareas cotidianas vinculadas al almuerzo o el cuidado de la ropa. Algo un tanto ridículo que puede bordear el fetiche o el negocio y es en absoluto independiente al escritor de marras. Bueno, pero la obra en cuestión es Don Giovanni o el disoluto absuelto, material llevado a escena por Antonio Castro, con la traducción de Pilar del Río, es decir, la viuda de Saramago.

Naturalmente el título nos lleva a Don Giovanni o el disoluto condenado, la muy conocida ópera de Mozart. Es lógico pensar, rebelde como siempre ha sido Saramago a los dogmatismos convencionales, que en esta obra intente la revisión de ese arquetipo español desde un ángulo en donde colinda simultáneamente un pensamiento mucho más liberal, un cierto sentido del humor y una poética como la que desarrolla en novelas al estilo de Memorial del Convento, que tengo por una de sus más sólidas producciones. Pero, y hay que admitirlo a pesar de la admiración, el que resultó un gran novelista no alcanza el mismo rango en la escritura teatral. El texto sólo por momentos alza el vuelo, tiende a la caída frecuente, hay un cierto esfuerzo en la construcción, pierde unidad poética y en definitiva, si fuera un libro, es posible que lo abandonáramos antes del final.

Con un material así resulta difícil un montaje que intente paliar las asperezas de la estructura y el de Antonio Castro pareciera –tal vez por respeto a un escritor de esa envergadura– más bien exponerlas de manera sistemática. Así, texto y puesta logran una cierta amalgama, pero no un cierto equilibrio y los inconvenientes de uno se multiplican en el otro, hasta provocar un cierto fastidio visual por un material que se entorpece de manera progresiva. De esa manera, logran sí la revisión ideológica del personaje (aunque con cierta ingenuidad), pero a costa de la obra misma en cuanto a calidad escénica. Aquí bastante tiene que ver Mónica Raya, con una escenografía comprensible y trabajada pero aparatosa y estridente, mucho más idea materializada que complemento escénico, que universo portante de la visión del espectador.

Para complementar esa serie de desafortunadas circunstancias hay una dirección de actores extraña que logra que hasta intérpretes solventes como los que aquí participan –Martín Altomaro, Carlos Cobos, Lucero Trejo, Humberto Solórzano, Erika Kore y Rodolfo Blanco– se vean rígidos, declamantes, distanciados... en fin, muy poco atractivos a pesar del probado talento de varios de ellos.

En definitiva, creo que a Saramago hay que seguir gustándolo en sus extraordinarias novelas y a Don Giovanni en el envase de su tiempo, sea bajo el signo de Tirso o de Mozart, que ambos son maravillosos con las limitantes propias de su momento histórico.

OTO de José Saramago. Dir. Antonio Castro. Con Martín Altomaro, Carlos Cobos, Lucero Trejo y Humberto Solórzano. Teatro Juan Ruiz de Alarcón, Centro Cultural Universitario, Insurgentes Sur 3000, 5622-7160. Jueves y viernes, 20:00; sábado, 19:00; domingo, 18:00 horas. Loc. $150; descuento del 50% a estudiantes, maestros, afiliados al Inapam, jubilados del ISSSTE e IMSS, jueves $30. Adolescentes y adultos. Estacionamiento. (Sur)