FICHA TÉCNICA



Título obra Ser es ser visto

Autoría Luis de Tavira

Notas de autoría Paráfrasis de Luis de Tavira y Stefanie Weiss.

Dirección Luis de Tavira

Grupos y Compañías Compañía Nacional de Teatro

Elenco Con el elenco estable de la Compañía Nacional de Teatro.

Espacios teatrales Sala Héctor Mendoza

Referencia Bruno Bert, "Ser es ser visto. En la medida perfecta", en Tiempo Libre, 23 febrero 2012, p. 17.




imagen facsimilar

Referencia ElectrÓnica

Tiempo Libre

Columna Teatro

Ser es ser visto
En la medida perfecta

Bruno Bert

Para Luis de Tavira el teatro y la filosofía a veces parecen mostrarse como constructos análogos: herramientas para pensar los temas fundamentales del hombre bajo un complejo y seductor sistema de lenguajes. En este caso se trata de Ser es ser visto, una creación suya y de Stefanie Weiss, en la Compañía Nacional de Teatro y textos de Botho Strauss, Goethe, Wilheim Müller y Friedrich Rückert. Un diálogo con el pensamiento y las circunstancias alemanas que permiten, sobre todo, hablar de la realidad y el teatro en presencia y con casi toda la Compañía durante cerca de cuatro horas.

Por un lado están las palabras, ese río de sonidos que tejen una melodía cada vez más incomprensible; ese puente que como aquel del imaginario medieval, se va estrechando a medida que avanzamos hacia la posibilidad de la salvación, hasta que finalmente nos arroja al vacío. Tanto el teatro como el hombre en el desarrollo de su pensamiento, ha confiado infinitas veces en ellas, las ha mimado, las ha creado y recreado, las ha encerrado en gruesos volúmenes y dado sentidos mágicos para finalmente enloquecer, transformando su música en un ruido insoportable y malévolo. Ese es un tema doloroso para este arte, que durante el siglo XX –sobre todo– se ha encargado de cuestionarlas a cada vuelta de esquina, hasta borrarlas por momentos de la escena... tanto de la teatral y de la política, cuando han quedado reemplazadas por la muerte, la guerra y la frustración del sinsentido. Y en eso los alemanes son especialmente sensibles, a través de una experiencia que se (tiende y repite con variantes de una manera más que curiosa.

Por el otro (perfectamente vinculado con el primero) está la escena, ese espacio donde vamos a encontrar al otro/nosotros en circunstancias que evidencian posibles realidades alternativas. Y el juego de la reflexión sobre qué es lo que constituye la tan zarandeada realidad. Naturalmente este es el espacio del laberinto, de los pasillos infinitos y las puertas sucesivas tanto cerradas como abiertas al vacío. Y el papel del actor. Y nuestro propio rol, tanto personal como social, claro. Es decir, la identidad.

Pero bueno, no es necesario perderse en reflexiones que resultan un poco abstractas si no se ha visto el espectáculo. Seamos prácticos: es un volumen extenso y tal vez con algunas páginas en blanco o un tanto borroneadas y repetidas...como muchos de los libros de la famosa biblioteca de Borges. Sin embargo, tanto nuestros sentidos, nuestro intelecto como nuestro trasero no se resienten y acompañan bien la sana costumbre taviriana de transgredir los estándares del tiempo teatral. Además, el trabajo de todo el equipo es excelente y garantiza la posibilidad de confrontar, compartir, disentir, es decir, dialogar con la propuesta, sus meandros y sus puntos irritables. No hay bajada de línea, sólo una madura propuesta que incluso admite el "no" de muy buen grado.

Además, la exposición, con toda su complejidad, es perfectamente accesible a través no sólo de los textos convocados, sino también por la habilidad con que Philippe Amand nos enmarca los caminos y maneja espacios, tanto asfixiantes como alternativos, desde una perspectiva unitaria que parece elaborar un discurso paralelo y complementarió al de la dirección, que los actores asumen y pueblan con soltura aunque algunas veces también con dolor. Las corrientes plásticas de hace unas décadas son caminos que hoy pueden mostrarnos en perspectiva histórica los laberintos fértiles y los otros, muertos, del pensamiento y las acciones humanas, tanto en plano de lo social como en lo artístico. Hasta hay cierto humor ácido, no siempre agradable, bastante parecido al vómito. En fin, que aunque tal vez sobre un poco, seguro que no falta nada.

SER ES SER VISTO. Dir. Luis de Tavira. Con el elenco estable de la Compañía Nacional de Teatro. Paráfrasis de Luis de Tavira y Stefanie Weiss. Sala Héctor Mendoza, Casa de la Compañía Nacional de Teatro, Francisco Sosa 159, Barrio Santa Catarina, Coyoacán. Jueves y viernes, 19:00; sábado, 18:00; domingo, 17:00 horas. Entrada gratuita, con reservación: 5658-4108. Adolescentes y adultos. Duración aproximada 255 mins. (Sur)