FICHA TÉCNICA



Título obra Ternura suite

Autoría Edgar Chías

Dirección Richard Viqueira

Elenco Beatriz Luna, Emmanuel Morales

Espacios teatrales Teatro Julio Castillo

Referencia Bruno Bert, "Ternura suite. Acercamiento reflexivo a la realidad", en Tiempo Libre, 17 noviembre 2011, p. 28.




imagen facsimilar

Referencia ElectrÓnica

Tiempo Libre

Columna Teatro

Ternura suite
Acercamiento reflexivo a la realidad

Bruno Bert

Es en verdad curioso: vivimos tiempos en que el teatro es a veces políticamente rechazado como cobertor de mentiras, y se abren sus puertas para que la "realidad" invada el escenario. Y, paradójicamente, la "realidad" social, la que nos rodea a diario, abandona el ascetismo de su discurso y se traviste espectacularizándose hasta lo indecible, compitiendo eficazmente con el teatro y vaciando las salas. Claro que esto provoca confusiones, rompe estructuras parametrales y genera obras como Ternura suite de Edgar Chías, bajo dirección de Richard Viqueira, que hoy nos ocupa.

Dado que el escenario tradicional es un espacio vacío resignificable, toda transformación significativa se da en el sector del público. Por eso aquí, autor y director toman a un pequeño puñado de espectadores y lo llevan hasta un mini sótano del teatro. Los hacen transitar zonas no habituales, les entregan linternas, los vuelven a sacar y generan como un simulacro (teatro dentro del teatro que no lo parece) frente a un posible peligro no especificado, no ficcional sino real. Es decir, que para comenzar a hablar de otro concepto de realidad, primero se sumerge al público en otro sentido del espacio que el acostumbrado, cuestionando en la práctica la postura indolora y segura del que sólo es un mirón de cuentos ajenos.

Una vez adentro, sentados en un espacio de pocos metros cuadrados, nos enfrentamos a los actores, que habrán de trabajar casi al alcance de la mano en un ambiente diminuto y claustrofóbico, con pequeñas entradas y salidas como de laberinto subterráneo: ese que todos sabemos que existe bajo nuestro pies pero no conocemos, al igual que ignoramos los laberintos del interior del cuerpo a pesar que hacen parte de nosotros. Allí, en ese espacio visceral –ciudad, cuerpo social, cuerpo individual, repugnancia, ratas, escatología– hay un tiempo de frontera, donde ellos nos miran con curiosidad, sin definir qué relación habrá de unirnos.

La frontera segura se ha debilitado y la salida abrupta de cualquier espectador, aunque posible, resulta improbable. En esas condiciones comienza un trabajo de dos: mujer sola, hombre invasor, que no apela a nuestra imaginación sino que continúa con la tarea de demolición de los preconceptos e incorpora la tríada asombro/violencia/repetición como sistema de conocimiento.

En realidad, no sé si podemos llamarle "obra" en el sentido tradicional, pero siendo otra su intención es como si tallaran sobre la "obra negra", evidenciando lo que solemos intuir. La metáfora, elemento constitutivo básico del teatro, se desintegra frente a una "realidad" en bruto que vacía de imaginación la mirada. Discurso terrible, así sea por la desaparición del mismo transformado en un grito y en un gesto crispado. Desaparece toda poetización y el sentido humano se desgarra en un vacío de valores, donde el horror ha perdido incluso aquella raíz de belleza que le es propia. Esto pasa tanto en el plano de la puesta como en el de la escritura, que más bien se vuelve expresión gutural y alienada.

Frente a todo esto los dos actores –Beatriz Luna y Emmanuel Morales–, en un grado de exposición y riesgo que posiblemente trasciende el compromiso tanto ético como técnico de la labor de un intérprete. Su entrega al trabajo y a la propuesta del autor y director es más que evidente, aun incluyendo el despoje de una parte importante de sí: interpretar a la víctima no es ser víctima, pero a un cierto grado perdemos la creación del signo para dejar el cuerpo desnudo y herido como único valor expresivo. Lo obsceno lastima no por sus supuestas connotaciones morales, sino por el tremendo vacío que provoca... En fin, un trabajo que amerita un acercamiento reflexivo sobre nuestro arte, nuestra sociedad y la desgraciada circunstancia histórica por la que atravesamos.

TERNURA SUITE, de Edgar Chías. Dir. Richard Viqueira. Con Beatriz Luna y Emmanuel Morales. Teatro Julio Castillo, Centro Cultural del Bosque, Paseo de la Reforma y Campo Marte (Metro Auditorio), 5280-8346. Lunes y martes, 20:00horas. Loc. $150. Ticketmaster, 5325-9000. Adolescentes y adultos. (Centro)