FICHA TÉCNICA



Título obra Tío Vania

Autoría Antón Chéjov

Dirección Lev Abramovich Dodín

Grupos y Compañías Maly Drama Theatre de Moscú

Referencia Bruno Bert, "Dos desde el Cervantino", en Tiempo Libre, 20 octubre 2011, p. 29.




Título obra La flauta mágica

Autoría Wolfgang Amadeus Mozart

Dirección Peter Brook

Grupos y Compañías Theatre des Bouffes du Nord

Notas de grupos y compañías Theatre des Bouffes du Nord

Notas de elenco Intérpretes: Franck Krawczyk, Julia Bullock, Dima Bawab, Roger Padulles

Notas de Música Franck Krawczyk en el piano

Referencia Bruno Bert, "Dos desde el Cervantino", en Tiempo Libre, 20 octubre 2011, p. 29.




imagen facsimilar

Referencia ElectrÓnica

Tiempo Libre

Columna Teatro

Dos desde el cervantino

Bruno Bert

Va la reseña crítica de dos de los primeros materiales teatrales de importancia presentados en la primera semana del Festival internacional Cervantino: el del grupo Theatre des Bouffes du Nord, es decir el grupo de Peter Brook, y el tradicional Maly Drama Theatre de Moscú. En el primero Brook nos presenta una versión bastante libre de La flauta mágica de Mozart. En ella desaparece la orquesta (sólo hay 41 piano, en manos de Franck Krawczyk), se abrevia la duración, salen algunos personajes que hallamos en origen, se mantienen los recitativos alternando con el grueso del texto cantado y en lo que hace a la puesta, convoca un ámbito ascético que prácticamente sólo usa unas grandes cañas de bambú que los actores van desplazando por la escena delimitando espacios. El director, a sus 86 años, conserva no sólo el prestigio de ser uno de los más grandes innovadores del siglo XX, sino también la habilidad en el manejo de los lenguajes como para intentar con fortuna el difícil trabajo de combinar lo clásico con lo estrictamente contemporáneo, avanzando a grandes pinceladas esenciales en un diseño que recuerda las últimas pinturas de Picasso, donde había como un "apuro" por transitar las finales estancias de su apacidad creativa y se preocupaba muy poco por la vastedad aparente de su trazo.

Naturalmente es una "ópera popular" y mantiene la agilidad y el descaro de la misma, apoyada en grandes voces, sobre todo las de Julia Bullock como Panina, Dima Bawab en el papel de Papagena y Roger Padulles en el protagónico Tamino. Un material que globalmente no sorprende pero sí entrega lo que uno espera de Peter Brook, más allá del mito y en el placer de una noche de teatro.

En segunda instancia, el grupo ruso nos acerca una compleja versión del clásico Tío Vania de Chejov. Estos grandes colectivos históricos tienden sobre todo al trabajo minucioso del detalle. Son como orfebres que no se preocupan del tiempo invertido, sino del resultado, en la joya final. Y éste debe estar relacionado sobre todo a la capacidad casi pictórica del director en la definición del medio tono, de la transición, del clima casi irrespirable de un tiempo que congela a sus criaturas en un espacio de fracaso irreparable, de daño emotivo que se transmite a su entorno social. Seguramente este material de tan difícil construcción, tan impresionista, se halla en muchas de las obras de Chejov, pero es el Tío Vania quien, con un acercamiento correcto, puede sintetizarlo de manera más perfecta. Entonces, grandes ámbitos, que evidencian aún más la pequeñez de sus habitantes; tonos grises y pardos que se funden en sombras profundas; pequeños detalles de un naturalismo casi decimonónico, como la ventana por la que cae la lluvia en esa noche interminable, y por supuesto la labor de los actores, con esa densidad tan rusa y tan chejoviana, que logra hacernos pasar por todos los estados de ánimo, desde la tristeza hasta, el hastío, pasando por la sonrisa, el fastidio y el necesario paso atrás para observar la visión de conjunto y preguntarnos cuánto ha cambiado el teatro de ese país, desde aquel teatro imperial hasta este post soviético, siempre a través de las palabras casi cotidianas e intrascendentes con que farfullan su inutilidad estos frágiles personajes.

Hay que admitir que para gustarlo hay que tener un cierto entrenamiento teatral, al menos lejos de Rusia, pero los resultados para los que son coherentes y viven ei largo ciclo de esa "agonía histórica", es francamente alimentador. No hago mención de nombres de los actores porque nos dicen poco a nosotros, pero rescato por un lado la válida contundencia del equipo y por el otro la segura mano de su director: Lev Abramovich Dodin, que viene trabajando en la dirección de ese teatro desde 1983, un infinito de sucesos y experiencias.

Bien, y eso es todo por ahora. Creo que en ambos casos vale la pena aprovechar el paso de esos grupos por el Distrito Federal. Suerte.