FICHA TÉCNICA



Título obra El dragón dorado

Autoría Roland Schimmelpfenning

Dirección Daniel Giménez Cacho

Elenco Arturo Ríos, Joaquín Cosío, José Sefami, Antonio Vega, Ana Graham, Patricia Ortiz

Espacios teatrales Teatro Santa Catarina

Referencia Bruno Bert, "El dragón dorado. Precisión de tonos y momentos", en Tiempo Libre, 29 septiembre 2011, p. 30.




imagen facsimilar

Referencia ElectrÓnica

Tiempo Libre

Columna Teatro

El dragón dorado
Precisión de tonos y momentos

Bruno Bert

Cada vez que el teatro en vez de ocultar sus herramientas las pone sobre la mesa y juega abiertamente con ellas, somos tratados como interlocutores válidos. Podemos escuchar un cuento sin necesidad de anestesia: el lenguaje es parte de lo narrado, ver las estructuras enriquece el discurso y nos incorpora incitándonos a pensar, a "escribir" la escena junto con los hacedores. Y si a esto agregamos un cierto talento por parte de los mismos, una cierta habilidad con ingenio, entonces con seguridad nuestra noche en la platea está plenamente justificada. Ello viene a cuento por El dragón dorado, obra de Roland Schimmelpfennig, montada por Daniel Giménez Cacho en el foro del Teatro Santa Catarina.

El autor de apellido impronunciable es un joven alemán (1967), también periodista, que vivió un tiempo en Estambul, puerta entre culturas, que lo adentró en el tema de los emigrados. La obra –entre otras cosas– toma ese filón temático, tan cercano a nosotros aunque pueda evocarse a través de los orientales ilegales estacionados en Alemania. El espacio de la narración es la barra de un restaurante "thai/ chino/vietnamita", que está rodeada por el público a muy escasa distancia de los actores. Esta ubicación rectangular, que provoca un hacinamiento de cocineros y ayudantes en un frenético moverse produciendo plato tras plato, parece una acertada idea del propio grupo, que es Por Piedad Teatro Producciones AC, compañía con más de diez años fundada por Ana Graharn.

Pero lo interesante apenas comienza, a través de un empleado sin papeles con un terrible dolor de muelas, que no puede ser llevado a un médico convencional por obvias razones legales. La muela, arrancada un tanto brutalmente en la cocina, deambula entre los platos y termina en una sopa que bebe una azafata... y así, siempre a velocidades de jet en vuelo, los actores asumen tres o cuatro roles consecutivos sin apenas transiciones, sin cambios externos, pasando a ser hombres, mujeres, jóvenes, viejos... sin importar el soporte humano de cada caso y tan cual un cuento narrado y actuado de manera simultánea.

Es, muy atractivo porque debajo de un aparente naturalismo de superficie –todo es muy verosímil, desde los objetos analógicos hasta el frenesí del trabajo– hay una capacidad histriónica que hace de los actores habilísimos tejedores de historias, que además son complejas, múltiples y complementarias. Claro que aquí corren dos factores, la calidad de los intérpretes de ese día (hay alternantes): Arturo Ríos, José Sefami, Ana Graham, Antonio Vega y Patricia Ortiz; y la habilidad de la dirección, ya que Daniel Giménez Cacho trabaja toda la estructura como una partitura musical, con una precisión de tonos y momentos realmente destacable.

Y por supuesto, también la calidad del autor (al que trataré de leer porque creo que vale la pena), capaz de hablar de manera no convencional de cosas trascendentes, de mantener nuestra atención como si de un juego de aventuras se tratara, de no ocultar los signos de su escritura y de aportar un material muy generoso al equipo y sobre todo al director, para completar su discurso de manera efectiva y amena. Él la define como una obra "corporal, narrativa y surrealista" y aunque los términos resultan un tanto elásticos, creo que son correctos y muy sugerentes para quien toma las riendas de la puesta en escena.

En definitiva, un material fértil para la mirada, el oído y la inteligencia, que obliga a una coparticipación, que destruye la posible pasividad del espectador y hasta es capaz de hacerlo sonreír a pesar de la densidad sinuosa (un tanto oriental) del material propuesto.

EL DRAGÓN DORADO, de Roland Schimmelpfennig. Dir. Daniel Giménez Cacho. Con Arturo Ríos, Joaquín Cosío, José Sefami, Antonio Vega, Ana Graham y Patricia Ortiz. Teatro Santa Catarina, Plaza de Santa Catarina 10, Coyoacán, 5658-0560. Jueves y viernes, 20:00; sábado, 19:00; domingo, 18:00 horas. Locs. $150; descuento del 50% a estudiantes, maestros y afiliados al Inapam, jubilados del ISSSTE e IMSS; jueves $30. Adolescentes y adultos. Duración aproximada 80 mins. (Sur)