FICHA TÉCNICA



Título obra Eduardo II

Autoría Christopher Marlowe

Dirección Martín Acosta

Elenco Gabino Rodríguez, Mario Oliver, Ari Brickman, Harif Ovalle, Nailea Norvind

Espacios teatrales Teatro Juan Ruiz de Alarcón

Referencia Bruno Bert, "Eduardo II. Trabajo de riesgo", en Tiempo Libre, 25 septiembre 2008, p. 42.




imagen facsimilar

Referencia ElectrÓnica

Tiempo Libre

Columna Teatro

Eduardo II
Trabajo de riesgo

Bruno Bert

La obra de Christopher Marlowe (1564-1593) es necesariamente breve porque fue asesinado a los 29 años. Sin embargo, bastó ese tiempo para que tanto su más que polémica vida y sus pocos pero contundentes escritos pasaran a la historia. Dentro de su obra dramatúrgica se encuentra uno de los primeros (si no el primero) dramas históricos, de ésos que luego su contemporáneo Shakespeare perfeccionara componiéndolos en abundancia. Me refiero a La tragedia de Eduardo II, que aún era inédita para los escenarios mexicanos y que ahora estrenó Martín Acosta en la UNAM.

Las historias, en arte, son casi siempre circunstancias para hablar de otras cosas. Así, la de Eduardo sirvió a Marlowe para organizar una disertación sobre el poder de la alta nobleza en tiempos de consolidación centralista con Isabel I, y de la necesidad de un poder real fuerte e inteligente, así fuera en manos de una mujer (soltera, además) como preferible al de un rey débil sometido a la voluntad y los caprichos de su (amante) favorito y de los altos estamentos de la nobleza. Y esto con sus peros y dobles juegos. Pero claro que aquel discurso, tan apegado a su circunstancia histórica, hoy debe ser revisado para que interese al público contemporáneo. Entonces, Acosta traza el eje a través de la homosexualidad del monarca y actualizando la estructura escenográfica –Raúl Castillo– y de vestuario –Mario Marín del Río– se lanza a una puesta de carácter absolutamente contemporáneo, que intenta por un lado mantener el juego de atracciones, intrigas y combates del teatro isabelino, y por el otro re-articular la temática a través de la pasión entre hombres. Tal vez, el referente más inmediato, pero no estricto, que toma y es visible en las ropas y objetos es la Inglaterra de fines del XIX y principios del XX, y también aquella Austria de Francisco José, hipócrita y tambaleante, tan dada a "las virtudes públicas y los vicios privados". Pero en definitiva, intenta volver al tema extemporáneo, ya que en todas las épocas se ha dado la pasión homosexual y su condenación.

Pero aquí el discurso parece confuso, porque hay una hiperabundancia de desnudos masculinos y de homoerotismo en las acciones, pero al mismo tiempo el rey parece poco menos que imbécil y su preferencia sexual lo vuelve un ser inútil, al servicio de sus caprichos infantiles y sus pasiones eróticas, muy lejos de lo necesario para un gobernante. Algo similar sucede con los otros personajes que se muestran declaradamente homosexuales: vanidosos, cobardes, inmaduros... Por lo que no se llega a comprender la contraposición y el eje temático oscila cercano a un exhibicionismo que no encuentra asidero justificatorio en la postura de la dirección.

El montaje en sí es muy dinámico, acompañado de una propuesta visual brillante y un heterogéneo grupo de actores que da presencia y energía a este vasto fresco sobre el deseo y el poder. Gabino Rodríguez asume el papel del rey y su interpretación resulta muy atractiva porque no va sobre el amaneramiento sino sobre la debilidad. Son varios los actores que podemos reconocer, además del propio Gabino, que han trabajado en los últimos montajes de Acosta y con los que tiene ya una familiaridad de lenguaje, aquí acentuado hacia lo físico a través de simbólicas escenas de rugby, enérgicos tangos entre hombres y coros de danza haciendo eco burlón o desafiante a las veleidades de Eduardo. Digamos que entre el nutrido elenco podemos mencionar a Ari Brickman en el papel de Mortimer, el principal enemigo y sucesor inmediato del rey, Harif Ovalle en el papel de Warwick, Francisco Mena en el de Baldock y en el diseño de movimiento del elenco, Adrián Ladrón como el futuro Eduardo III y Nailea Norvind como su madre, la reina.

De todas maneras, casi todos interpretan variados papeles, ya que la puesta importa más en cuanto a teatralidad visible que en tanto a diferenciación detallada. Así, el teatro, como arte y como lenguaje, pasa a primer plano y es el verdadero protagonista. En lo demás, tal vez encuentro un excesivo respeto por un texto a mi gusto no muy maduro y que admitiría sin pudor algunas reducciones, una cierta indefinición de objetivos y un poco de complacencia en los efectos.

En definitiva, un material polémico –como corresponde a una propuesta universitaria– y un trabajo de riesgo que atrae aunque se pueda no compartir totalmente.

EDUARDO II de Christopher Marlowe. Dir. Martín Acosta. Con Gabino Rodríguez, Mario Oliver, Ari Brickman, Harif Ovalle y Nailea Norvind. Teatro Juan Ruiz de Alarcón, Centro Cultural Universitario, Insurgentes Sur 3000, 5622-7160. Viernes a domingo, 18:00 horas. Locs. $100 general; $50 con credencial de la UNAM y afiliados al Inapam; jueves $30. Adolescentes y adultos. Duración aproximada 220 mins. Estacionamiento. (Sur)