FICHA TÉCNICA



Título obra Together

Grupos y Compañías La comuna

Elenco Gael García Bernal

Referencia Bruno Bert, "Festival del Centro Histórico. Dos obras: magras y mediocres", en Tiempo Libre, 24 abril 2008, p. 29.




Título obra Sueño sin fin

Grupos y Compañías La comuna

Referencia Bruno Bert, "Festival del Centro Histórico. Dos obras: magras y mediocres", en Tiempo Libre, 24 abril 2008, p. 29.




imagen facsimilar

Referencia ElectrÓnica

Tiempo Libre

Columna Teatro

Festival del centro histórico
Dos obras: magras y mediocres

Bruno Bert

Como testimonio de las presencias extranjeras en el teatro del 24 Festival de México en el Centro Histórico, hemos elegido dos trabajos: Together (La Comuna), de Islandia-España-México; y El sueño sin fin, que representa a Italia-Chile bajo la dirección del celebérrimo Alejandro Jodorowsky. Vamos brevemente con la primera.

En la década de los sesenta/setenta fueron furor en muchos países del mundo las comunas: espacios habituales, pero no únicamente vinculados al movimiento hippie; intentos de utopía, confrontadores del sistema, apoteóticos fracasos de fuerte interés histórico. Y este es el tema de la obra donde trabaja el conocido actor mexicano Gael García Bernal. Sólo que este material ha sido convocado desde la más absoluta superficialidad, un fuerte sentido de complacencia y una mediocridad formal apabullante. Más parece todo un espectáculo de Televisa con final feliz, destinado a un público ignorante con ganas de espiar algunos desnudos en relaciones indiferenciadas, que no comprometa a fondo las contradicciones de los matrimonios alcoholizados y golpeadores, que la evocación crítica de un controvertido movimiento histórico. Prácticamente nada es rescatable, desde una escenografía convencional y mastodóntica, hasta un sistema de actuación absolutamente epidérmico, pasando por una propuesta ideológica que casi llega a la caricatura sin atreverse sin embargo a formularla de manera abierta, lo que posiblemente le hubiera favorecido. Desconozco los criterios de selección del festival, pero me parece que esta obra y este montaje debieran estar afuera de cualquiera que ellos sean, tanto por su carácter más bien comercialón como por la falta de horizontes artísticos... aunque una estrella mexicana de reconocimiento internacional la transite.

La otra –Sueño sin fin– trae a México un ícono del concepto "pánico" de los sesenta/setenta con el teatro que hace hoy, a tantas décadas de aquel entonces. Hay que admitir que la fascinación persiste en muchos –que abarrotaron la UNAM más para verlo que escucharlo realmente, en su conferencia multitudinaria– no tanto por lo que nos presenta ahora, sino por lo que vimos o nos contaron que hizo. Y tiene derecho, por supuesto, de gozar de las rentas, sólo que si tenemos que juzgar la obra que presentó, las cosas resultan un tanto magras.

En primera instancia, las estructuras escénicas resultan pobres y arcaicas en su despojamiento del espacio escénico y en su funcionalismo minimalista. Lo mismo el sistema de actuación, ubicado en un tono de representación narrativa, monótono como un ritual repetitivo que se extiende durante toda la obra. Por otra parte el contenido, efectivamente cercano a la poética de Strindberg, como marca el programa de mano, oscila entre el pesimismo ingenuo y el didactismo mesiánico de redención del hombre que nos hace pensar en esas congregaciones religiosas a las que se les lanza encendidos discursos admonitorios mientras todos levantan las manos y gimen de esperanza entre el castigo y el perdón. Uno se pregunta qué espera ese público más allá de la obra misma y cuál es el estado de nuestro teatro en relación a una propuesta que viene con aires de vanguardia, pero que en realidad está ya mucho más cercana a la ilustración histórica de lo que alguna vez fue.

Realmente me pregunto de nuevo por los criterios selectivos: si la opción fue para llenar los teatros, resultó acertado, aun considerando el alto precio de los mejores boletos; pero es una lástima que el posible éxito de taquilla haya sido al costo del arte teatral, tan demeritado, por lo menos en estas dos expresiones que me tocaron un poco al azar.