FICHA TÉCNICA



Título obra El infierno o el nacimiento de la clínica

Autoría Rubén Ortiz y los ezquizoides

Dirección Rubén Ortiz

Grupos y Compañías Los ezquizoides

Elenco Jorge Palafox, Verónica Colín, Gabriela Delgado, Elizabeth Espejo, Fernanda Manzo, Raúl Mendoza

Espacios teatrales Foro Sor Juana Inés de la Cruz

Referencia Bruno Bert, "El infierno o el nacimiento de la clínica. Tendencia a lo desagradable", en Tiempo Libre, 6 diciembre 2007, p. 28.




imagen facsimilar

Referencia ElectrÓnica

Tiempo Libre

Columna Teatro

El infierno o el nacimiento de la clínica
Tendencia a lo desagradable

Bruno Bert

Un punto esencial del teatro es que se trata de un arte convivencial, es decir, que convoca a hacedores y público en un mismo espacio y tiempo para la ceremonia de la representación. Y este hecho hoy, en el imperio de las comunicaciones virtuales, es de gran importancia. Por eso resulta interesante recordar el tratamiento que el cuerpo ha recibido en nuestro arte en las últimas décadas. En los sesenta/setenta se descubrió el valor gozoso del desnudo, del contacto como transmisor de colectividad y afecto, de vinculación posible con el público a través de la piel, del equivalente físico del despojamiento ideológico. En los setentas/ochentas subió al escenario el cuerpo político torturado y reprimido y el público compartió experimentos de agresión real y simbólica en más de una obra. Luego el silencio y la distancia y hasta el erotismo mediado por una pantalla y una cámara. Ahora, Rubén Ortiz y su grupo Los Ezquizoides (así se nombran en el programa, pero no estoy seguro que sea el nombre del equipo) lanzan de nuevo el tema de cuerpo, y con él el de los lenguajes teatrales y la función del actor en ellos.

La obra se llama El infierno, o el nacimiento de la clínica y parece ser una creación del mismo elenco y su director. Así, no cuenta necesariamente una historia, ni tiene personajes identificables por su nombre y antecedentes. Es una estructura coral de hombres y mujeres con ropas hospitalarias, acompañados por videos y en un espacio que puede recordar un quirófano, una morgue o un aula tradicional de cirugía. Predominan las imágenes agresivas, la despersonalización de los cuerpos, la eliminación de cualquier contenido erótico y la tendencia a lo desagradable, esta vez no en relación al poder político, sino a los conceptos de ciencia y a los sentidos de autoridad derivados de ella. Especialmente los médicos, las instituciones sanitarias, las medicinas como producto industrial y la cirugía como una manera sádica de encarar el cuerpo. El propio y el ajeno.

Naturalmente el trabajo produce un casi constante rechazo por la apelación reiterada a lo repugnante, al dolor, a las situaciones perversas donde ni siquiera se muestra el placer sádico. Los actores parecen funcionar apegados a un frenesí autodestructivo y a una consigna ingenua que tiende a eliminar su función esencial, es decir la capacidad del mismo de metaforizar la realidad a través de sus actos, creando una poética expresiva, una meta-realidad teatral. Son objetos de mostración directa: donde una aguja se clava en la carne real., donde la piel transpira, recibe bofetadas, se la escupe, con cuerpos que se sobre oxigenan, provocan el vómito, bordean la asfixia, etcétera, etcétera.

El rechazo no es un juicio de valor, es una sensación, que llevada a sus extremos, tiende a evitar la reflexión. Michel Foucault está presente, tanto por sus libros como por su' vida privada, pero sólo por la mitad. Es como si hubieran serruchado su imagen al medio. Y luego, con una extraña evocación de aquellas posturas sesenteras, se busca la complicidad del público para efectuar ciertas descargas de estrés arrojando globos cargados de agua al muro. El juego asume sus contradicciones pero dificulta la síntesis, el puente de recuperación del valor de la piel en el espacio de lo humano y en su dimensión ideológica.

Todos los espectadores que asistieron a la función que me tocó vieron en silencio el trabajo y aplaudieron muy quedamente. Menos una señora a mis espaldas que reía a carcajadas, comentaba en voz muy alta y zapateó sobre la tarima como aplauso. El espectáculo está anunciado como La comedia humana, parte 1. Veremos lo que sigue.

EL INFIERNO O EL NACIMIENTO DE LA CLÍNICA. Performance de Rubén Ortiz. Con Jorge Palafox, Verónica Colín, Gabriela Delgado, Elizabeth Espejo, Fernanda Manzo y Raúl Mendoza. Foro Sor Juana Inés de la Cruz, Centro Cultural Universitario, Insurgentes Sur 3000, 5622-7160. Viernes, 20:00; sábado, 19:00; domingo, 18:00 horas. Loc. $100; descuento del 50% con credencial de la UNAM y afiliados al Inaplen. Adolescentes y adultos. Estacionamiento. (Sur)