FICHA TÉCNICA



Título obra Cenizas de piedra

Autoría Daniel Danis

Dirección Hugo Arrevillaga

Elenco Raúl Adalid, Jorge de los Reyes, Marisa Rubio, Rebeca Trejo

Espacios teatrales Teatro Casa de la Paz

Referencia Bruno Bert, "Cenizas de piedra. Torrente desbordado", en Tiempo Libre, 15 noviembre 2007, p. 32.




imagen facsimilar

Referencia ElectrÓnica

Tiempo Libre

Columna Teatro

Cenizas de piedra
Torrente desbordado

Bruno Bert

La relación de directores mexicanos con dramaturgos canadienses (y seguramente también en sentido contrario) es bastante intensa desde hace al menos un par de décadas. Y a través de todos estos montajes nos vamos configurando un perfil de esos escritores. Plural, claro, pero en definitiva con ciertas características comunes. Por ejemplo, un cierto amor, casi diría desmedido, por las palabras. Cualquiera podría contestarme a nivel de superficie, que esa es una mera definición de dramaturgo, pero yo opino lo contrario: dramaturgo es el que sólo deja escapar las palabras necesarias y no tanto el que abre a borbotones los diques del lenguaje. Y este que hoy nos ocupa –Daniel Danís– al menos en Cenizas de piedra, del que hablaremos a continuación, es un torrente desbordado que no sólo moja y fertiliza sino que también inunda con su voz hasta casi ahogar la teatralidad que él mismo convoca.

La anécdota se centra, ubicada en un pequeño pueblo, en un viudo reciente que vive con su pequeña hija y el dolor de su pérdida asfixiada en trabajo y silencio. Y en una pandilla que no sabe qué hacer para sobrevivir al hastío de sus vidas absolutamente vacías. Y una muchacha del grupo se enamora del ascético personaje y tarda algo así como siete años en convencerlo que abandone la aspereza de esa soledad, pero entonces... Sí, ciertamente, contado tiene un sabor a melodrama con ramalazos de un estilo de rebeldía como el que planteaba James Dean allá por los cincuenta con Rebelde sin causa y otras similares. Hay como un tono provinciano, potente, un tanto místico que recuerda también al Efrain Cabot de O'Neill, y arrastra a los hombres a pesar de la ausencia aparente de la divinidad.

Es la construcción, que apela casi exclusivamente a monólogos que narran el pasado con algún breve cruce de textos entre los personajes, la que enfría el material otorgándole un cierta epicidad de lo cotidiano. Sin embargo, la falta de síntesis y el desborde de la palabra, que pinta hasta el infinito lo que climáticamente sabemos a los pocos minutos, sobrecarga lo que posiblemente ganaría en aspereza e interés mediante silencios o sombras que permitieran una mayor participación de la subjetividad del espectador. No hay acciones porque todo está en el pasado, no hay sorpresas realmente, porque las tormentas se dejan ver una hora antes del estallido y es poca la complicidad –tanto intelectual como emocional– porque todo está dicho hasta el infinito. Como en el programa de mano, donde los textos del autor cubren literalmente todo.

Y entonces es poco lo que le queda por hacer al director –Hugo Arrevillaga– más que orientar a los actores, en algo que puede acercarse a una cantata más que a una obra tradicional de teatro. Con Iris Sosa y Mariaria Sánchez plantean un espacio de un naturalismo simbólico, que por un lado recuerda la habitación de la cabaña donde viven el padre y la niña, y por el otro lo abren como una caja de juguetes hacia el proscenio permitiendo que cada actor hable directamente al público aunque nunca interaccione con él. Los intérpretes son apenas cuatro: Raúl Adalid, Jorge de los Reyes, Marisa Rubio y Rebeca Trejo, para asumir al padre, la hija, la enamorada y un amigo de la pandilla. El tono que utilizan es parejo: un cierto intimismo desilusionado que narra las alternativas de algo que desde el principio saben que terminará mal. Casi como muertos contando su intento de vida pasada, y por lo tanto desapegados del mundo, aunque pasen por breves circunstancias donde la felicidad parece existir.

En definitiva, un montaje tomado en serio, pero con un horizonte un poco bajo. Una obra con un cierto matiz de muchos años aunque fuera escrito ayer. Una escritura, textual y escénica que interesa sin entusiasmar.

CENIZAS DE PIEDRA, de Daniel Danis. Dir. Hugo Arrevillaga. Con Raúl Adalid, Jorge de los Reyes, Marisa Rubio y Rebeca Trejo. Teatro Casa de la Paz, Cozumel 33, Roma (Metro Sevilla), 5286-5315. Viernes, 20:00; sábado, 19:00; domingo, 18:00 horas. Loc. $80; descuento del 50% a estudiantes, maestros y afiliados al Inaplen. Adolescentes y adultos. Duración aproximada 100 mins. (Centro)