FICHA TÉCNICA



Título obra El hombre que fue Drácula

Autoría Roberto Coria

Dirección Eduardo Ruiz Saviñón

Elenco Nicolás Núñez, Eduardo Von, Elena de Haro, Priscilla Pomeroy, Guillermo Henry, Antonio Monroi

Espacios teatrales Teatro Juan Ruiz de Alarcón

Referencia Bruno Bert, "El hombre que fue Drácula. El que mucho abarca...", en Tiempo Libre, 13 septiembre 2007, p. 34.




imagen facsimilar

Referencia ElectrÓnica

Tiempo Libre

Columna Teatro

El hombre que fue Drácula
El que mucho abarca...

Bruno Bert

Conociendo el Teatro Gótico de Eduardo Ruiz Saviñón y viendo la imagen que ilustra el programa de mano y la invitación al estreno, supuse que El hombre que fue Drácula, la obra de Roberto Coria/Vicente Quirarte, abordaría la historia de "El Empalador", antecedente histórico del tan difundido personaje literario y cinematográfico. Pero no fue así. En realidad lo que se intenta es una tímida biografía de Bram Stoker, el escritor irlandés que escribió la novela Drácula a fines del siglo XIX.

Aquí el autor y sus adaptadores para la escena caen en la tentación del mucho abarcar y poco apretar. Lo primordial parece ser el teatro mismo, y así lo entiende Sergio Villegas, el escenógrafo e iluminador que construye un escenario decimonónico de doble faz sobre el de Juan Ruiz de Alarcón. Tras sus candilejas y a los lados transcurre todo, porque se nos recuerda que este escritor fue además secretario particular de Henry Irving el gran actor inglés, y así la escena y el sentido ampuloso de lo teatral de aquel tiempo lo impregna todo: las emociones, las historias, las imágenes y la vida de los seres que se encuentran involucrados.

Por momentos Irving pasa a primer plano y pareciera que es a través de su circunstancia que nos enteraremos de la vida de Stoker; en otros la presencia de Ellen Terry, tan famosa como el propio Irving, da la impresión que será a partir de ella que los sucesos cobrarán sentido. Y otras todavía a través de la literatura que Stoker va componiendo, e incluso a través de la imagen del inventado y muy poco presente Conde Drácula. Pero en realidad todo se desvanece como si cada escena o secuencias de escenas hubieran sido compuestas de manera autónoma, sin lograr un equilibrio ni una ruta clara en el espacio global del espectáculo. Se habla de todo, todo pesa, pero las energías se pierden en los fragmentos sin llegar a configurar una totalidad convincente por el planteo de un punto de vista unitario y coherente. Y así llegamos hasta su muerte, que nos sorprende sin que el espectáculo entregue una cierta claridad, preocupado más por la composición de las partes que por el sentido del conjunto.

Así que el problema básico está en la dramaturgia; así como su punto más logrado en el manejo de la escenografía y la iluminación, que mezcla la realidad con la ficción señalando en todos una pérdida de fronteras claras, e incluso complaciéndose en mostrar largas parrafadas teatrales de los famosos, situación bastante ambigua porque no se copia el estilo de actuación original (afortunadamente), ni se logra una analogía del mismo correspondiente a nuestro tiempo y público, sino que también aquí se queda a una media agua mostrando lo impreciso de las maneras del actuar según los tiempos y las modas. Y de nuevo el discurso por momentos parece irse por este lado, sin llegar a constituir un decir consistente sobre la actuación y "la verdad" de la misma según las épocas. Por ahí nos deslizamos por el melodrama en la vida real de Stoker, se quiere mostrar la tragedia en Shakespeare o incluso atisbos de Gran Guiñol con la imagen de Drácula, pero ahí se empantana el discurso sin fluir realmente.

Los actores –Nicolás Núñez, Eduardo Von, Elena de Haro, Priscila Pomeroy, Guillermo Henry y Antonio Monroi– siguen también la línea de una sobreactuación que se acentúa cuando "hacen teatro", ya sea sobre la escena o en su vida diaria, como es el caso de la esposa infiel de Stoker, personaje especialmente poco afortunado, como el del propio Armenius Vámbéry, cuasi caricatura del afectado "a la Wilde".

En definitiva, hubiera preferido los mundos góticos del director, a las digresiones sociales del autor. Me hubiera gustado más los colmillos postizos del Drácula de teatro al vampirismo psicologista y social que a veces transita la escena como otra de las posibles lecturas. Será para otra vez.

EL HOMBRE QUE FUE DRÁCULA, de Roberto Coria. Dir. Eduardo Ruiz Saviñón. Con Nicolás Núñez, Eduardo Von, Elena de Haro, Priscilla Pomeroy, Guillermo Henry y Antonio Monroi. Teatro Juan Ruiz de Alarcón, Centro Cultural Universitario, Insurgentes Sur 3000, 5622-7160. Viernes, 20:00 horas. Loc. $100 general, $50 con credencial de la UNAM y afiliados al Inaplen. Sistema Ticketmaster, 5325-9000. Adolescentes y adultos. Estacionamiento. (Sur)