FICHA TÉCNICA



Título obra El padre

Autoría August Strindberg

Dirección José Luis Moreno

Elenco Dobrina Cristeva, Gilberto Compain, Juan Manuel Pernas

Espacios teatrales Teatro Casa de la Paz

Referencia Bruno Bert, "El padre. Puesta desarticulada", en Tiempo Libre, 17 mayo 2007, p. 31.




imagen facsimilar

Referencia ElectrÓnica

Tiempo Libre

Columna Teatro

El padre
Puesta desarticulada

Bruno Bert

Strindberg es un autor que siempre logra seducir a nuevos directores para llevar a escena, así sea un siglo después de su muerte, sus obras más conocidas. Y entre ellas está la que ahora José Luis Moreno ha montado en La Casa de la Paz. Se trata de El Padre, un material de 1887, que tanto viene a ser una síntesis de sus obsesiones como un terreno acaballado entre el realismo y no pocos rasgos expresionistas.

Posiblemente sea el texto que mejor define su contradictoria misoginia, ya que el protagonista –de alguna manera un alter ego del propio Strindberg– está rodeado por su esposa, su suegra, su hija y hasta su nodriza, natural sustituta de una madre ausente. Y cada una de ellas, con especial predilección en la imagen de la esposa y la nodriza, terminará traicionándolo, al menos desde la perspectiva enfermiza del personaje central, orillándolo a la locura. Aquí, la esposa es prácticamente un verdugo despiadado que va destruyendo a su marido a través de la calumnia, la maledicencia, el engaño incluso la posibilidad siempre marcada del adulterio. De allí el nombre de la obra: el rol paterno, siempre complicado por la sospecha, abonada a su vez por la dificultades sexuales de hombre, que lo ponen en manos de la duda y una culpa que se vuelve contra la mujer acusándola no sólo de engaño, sino además de insignificancia e intrascendencia intelectual.

Si la miramos desde un punto de vista realista, el texto da los saltos, las situaciones se vuelven fácilmente inverosímiles y todo está como de cabeza, al servicio forzado de la tesis del autor contra la mujer. Si la vemos bajo la influencia expresionista, entonces se nos va apareciendo como las estacione; de un infierno desde la perspectiva emocional del protagonista, y de esa manera no necesita confrontarse con la verosimilitud, como tampoco lo necesita un sueño o una pesadilla. Las deformaciones, los quiebres, las monstruosidades, las flagrantes contradicciones se vuelven parte de una patología y de su expresión artística. Como una secuencia de grito: desarticulados que se insertan en una estructura de aparente normalidad.

Lo que vemos en el montaje son básicamente dos cosas: el trabajo con los actores, realista, minucioso y como desenganchado del concepto de unidad con la obra, y una idea de puesta desarticulada que al no dar cabida a ningún sesgo expresionista, pierde asidero y se monotoniza en largas escenas repetitivas donde tanto falla el ritmo como el tono.

Cada personaje, en lugar de ocupar un espacio dentro del conjunto, como las piedras de un collar, se desengarza creando una unidad en sí misma, yuxtapuesta a las otras. Y esto naturalmente atenta contra su trabajo, ya que por un lado está muy atendido, muy cuidado, y por el otro pierde sentido al no cobrar proporción para crear esa unidad superior que es la obra misma. Así, parecen más ejercicios (que seguramente solos podrían ser interesantes) que partes de una puesta. Y ésta, pierde intensidad al no permitir al menos esa mutación estilística que va detallando el deterioro del mundo que percibe el protagónico.

Creo que se trata de un trabajo pre-profesional, muy seriamente encarado, pero necesitado de un mayor nivel de, análisis, sobre todo en su concepto de puesta.

EL PADRE, de August Strinberg. Dir. José Luis Moreno. Con Dobrina Cristeva, Gilberto Compain y Juan Manuel Pernas. Teatro Casa de la Paz, Cozumel 33, Roma (Metro Sevilla), 5286-5315. Jueves y viernes, 20:00; sábado, 19:00; domingo, 18:00 horas. Loc. $80. Adolescentes y adultos. Duración aproximada 120 mins. (Centro)