FICHA TÉCNICA



Título obra Rumores...

Autoría Neil Simon

Dirección Marta Luna

Elenco Fernando Balzaretti, Macaria, Margarita Isabel, Raymundo Capetillo

Espacios teatrales Teatro Manolo Fábregas




Cómo citar Rabell, Malkah. "Rumores... comedia sin comicidad". El Día, 1990. Reseña Histórica del Teatro en México 2.0-2.1. Sistema de información de la crítica teatral, <criticateatral2021.org>



TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

El Día

Columna Se alza el telón

Rumores... comedia sin comicidad

Malkah Rabell

Dramaturgo bastante conocido, y hasta excesivamente conocido y aplaudido, el autor norteamericano Neil Simon, vuelve a presentarse en un escenario mexicano, el del teatro Manolo Fábregas, con su comedia: Rumores... El título sugiere muchas cosas que nunca llegan a realizarse. Durante dos horas, o algo menos, los diez personajes en el foro andan buscando un argumento, un tema para la obra, y no lo encuentran. Tampoco el público. Parece como si toda la obra se quedara en rumores. Neil Simon es un comediógrafo que introduce en la mayoría de sus comedias una nota dramática, una nota sentimental, que da a sus creaciones más bien el tono de un melodrama, por lo general bien logrado. Mas, Rumores ni es melodrama, ni es comedia. Y por más que los protagonistas se empeñan en ser cómicos, en hacer reír, no lo logran. Desde luego una parte del auditorio se divierte. O por lo menos simula diversión, que siempre hay gente para reírse de cualquier cosa, hasta de lo menos cómico y dramático. En cuanto al resto del público, se aburría muy tristemente.

Entre los diez protagonistas se encontraban algunos nombres bien conocidos, como el de ese excelente intérprete como es Fernando Balzaretti, o Macaria, o Margarita Isabel y Raymundo Capetillo. Los demás resultaban para mí desconocidos. Pero tanto unos como otros demostraban un rasgo común: carecían por completo de vis cómica, y por más que se empeñaban en hacer reír, sólo lograban despertar de un ligero sueño a partir del público. Ni siquiera Margarita Isabel, que a decir verdad es una actriz dramática, pero que más de una vez incursionó por el campo de los papeles cómicos con éxito, como fue su interpretación de la casamentera en El avaro de Moliére, en la presente puesta en escena, en su papel de Caramelo (tan estúpido y fuera de lógica como toda la obra) vanamente usó una vestimenta donde intervenían todas las ridiculeces de la actual moda femenina; y vanamente buscaba actitudes cómicas en la gimnasia, bajo el pretexto de que sufría de la columna vertebral. Permanecíamos indiferentes. Lo mismo sucedía hasta con Fernando Balzaretti. Él, que es un actor dramático hasta la última fibra, se empeñaba en crear un carácter cómico, y esa escena donde narra al teniente de la policía los sucesos acontecidos en la casa en un supuesto drama que todos ignoran hasta el final, sobre todo el público, acompañando sus palabras con carreras, caídas y gestos desesperados, muy del gusto del teniente, pero indiferentes para el resto del público, parecía completamente fuera de lugar. En cuanto a Macaria, resultaba físicamente agradable con su peinado severo y su negro vestido de buen gusto, pero tan fría como el resto de la obra.

Queda solamente la interrogante: ¿Qué aportó la dirección de Marta Luna? Esta joven directora tiene muchos admiradores, y yo soy uno de ellos. Pero nunca le vi una especial tendencia para la comedia, y en el presente caso no pudo salvar una obra absolutamente absurda. Mas, no al estilo ionesquiano, sino en el más auténtico y verídico sentido. Historia de un personaje cuya existencia ignoramos. ¿Existe o no existe? Y no sabemos si ha sido víctima de un crimen o ha cometido un suicidio. ¡Todo son rumores, rumores, rumores..!

Y salimos del teatro aburridos, tristes, y con deseos de escuchar un auténtico amor, de esos que hacen historia, apoyado er alguna realidad más tangible.