FICHA TÉCNICA
Título obra La tercera soledad
Autoría Adela Fernández
Dirección Adam Guevara
Elenco Silvia Caos, Marta Zamora
Escenografía Anna Irene Meneses y Adam Guevara
Cómo citar Rabell, Malkah. "La tercera soledad de Adela Fernández". El Día, 1987. Reseña Histórica del Teatro en México 2.0-2.1. Sistema de información de la crítica teatral, <criticateatral2021.org>
TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO
imagen facsimilar
El Día
Columna Se alza el telón
La tercera soledad de Adela Fernández
Malkah Rabell
Creo que nunca hubo tal cantidad de espectáculos teatrales en la ciudad de México, como en el presente año, 1987. Y tal cosa, lamentablemente no es señal de prosperidad, sino de crisis. Los numerosos actores desempleados, tratan de reunirse en grupitos, buscar un productor o intentar ser ellos mismos los productores, en alguna sala teatral no excesivamente cara, con alguna obra nacional que no exige dólares de exportación. Entre las numerosas obras puestas en escena surge una obra de Adela Fernández: La tercera soledad, para la cual la dramaturga encontró dos excelentes intérpretes: Silvia Caos y Marta Zamora y a un director de renombre: Adam Guevara. Espectáculo que hace algunos días se estrenó en el "Foro de la Compañía Shakespeare".
La tercera soledad trae a escena a dos figuras femeninas que resultan un profundo estudio de sendos carácteres. Dos actrices de cine que después de una vida de lucha por el éxito, que a veces las acompañó, y a una, Donatella hasta la consagró con un Óscar –ya que la obra se sitúa en los Estados Unidos–, termina en el fracaso. El más espantoso e invencible de los fracasos: el de la vejez, acompañado de pobreza y soledad. Este odio de dos seres que se han combatido durante toda la vida, es el centro del drama. Vida de dos mujeres en la cual una lo tuvo todo y la otra nada, siendo sin embargo ella la más talentosa, ésta una actriz, la otra una star; una casi desconocida y la otra perseguida por los buscadores de autógrafos. En un fragmento del drama, que se reproduce en la introducción del programa de mano, la dramaturga lanza a la faz del espectador una desgarradora verdad: "¿Sabes lo qué es el fracaso a pesar de la lucha diaria tenaz y obsesiva? ¿Sabes por qué existe? ¡Por la competencia! Desde niños nos enseñan a competir. Yo he visto una carrera de bebés gateando para diversión de sus padres... Y luego la competencia por el cariño: –Yo soy la consentida de mamá –Yo soy el consentido de papá–..."
Katherine y Donatella han competido en el mismo terreno toda la vida. Donatella ha empleado todos los medios a su alcance, sin preocuparse de vergüenzas, dignidad o pudor. A Katherine la embargan los escrúpulos. Y desde luego fue la eterna perdedora. Estas dos mujeres que se odian, para la vejez han de vivir juntas, compartir el techo, la misma cama y el mismo pan. Adela Fernández, autora de numerosas obras tanto para el teatro como para la pantalla grande y chica, ha logrado llegar hasta la última gota de la amargura. Lástima que las dos intérpretes que gozan de una clara y bella dicción cuando emplean el tono normal, en cambio cuando bajan excesivamente la voz y empiezan a cuchichear, se pierden algunos de sus parlamentos. Aunque Marta Zamora crea su personaje no sólo con la voz sino con todo su cuerpo alto y delgado, que a veces se antoja una serpiente, y Silvia Caos da una imagen verídica de una persona no sólo encerrada en su dolor y en su "tercera soledad", sino en su casa, con un miedo terrible de abandonarla, tal como sucede con muchos ancianos, sin embargo tenemos la impresión de que estas dos estupendas intérpretes no han dado todo lo que han podido, y con un poquito más de esfuerzo y de exigencia de parte del director, Adam Guevara, hubiésemos tenido a las dos mejores actrices del año.
El final es un poco caótico, y creo que fácilmente el director pudiera imponer algo más de lógica, hasta en ciertos detalles. Por ejemplo, durante una parte del segundo acto se emplea un cuchillo de aspecto peligroso. ¿Es posible que sólo lo tienen a mano para cortar el queso? Y sin embargo estaba allí sin ningún otro empleo. Tal vez el director lo hizo con determinada intención, para desviar la curiosidad del espectador hacia algo que no existía.
La escenografía, de Anna Irene Meneses y Adam Guevara, es interesante y funcional, realmente difícil de construir en un escenario tan reducido como el del "Foro Shakespeare". También es interesante la iluminación. Lo único que no pude comprender es por qué la obra se sitúa en los Estados Unidos en lugar de México, donde pueden suceder las mismas cosas. Tal vez Adela Fernández encontró más real el tono de la obra al ubicarla en un ambiente como el norteamericano, donde la cinematografía ha desarrollado su mayor poderío y donde la competencia es pan de cada día.