FICHA TÉCNICA
Título obra El abanico de Lady Windermere
Autoría Oscar Wilde
Notas de autoría Salvador Novo / traducción
Dirección Romney Brent
Elenco Dolores del Río, Ana María Blanch, Carlos Navarro, Joaquín Cordero, Tito Junco, Julio Monterde, Emilio Gaete, Felipe Santander
Escenografía David Antón
Cómo citar Maria y Campos, Armando de. "Presentación de Dolores del Río como actriz de teatro, en El abanico". Novedades, 1958. Reseña Histórica del Teatro en México 2.0-2.1. Sistema de información de la crítica teatral, <criticateatral2021.org>
TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO
Novedades
Columna El Teatro
Presentación de Dolores del Río como actriz de teatro, en El abanico
Armando de Maria y Campos
Dolores del Rio, como el día, no tiene edad. Pero Lola del Río, como la tarde, tiene una hora espléndida, radiante. Está en su hora de gran actriz dramática. Puedo asegurar que nadie ignora que Lola del Rio nació para el arte en la cuna del cine mudo. De aquella mañana luminosa conserva su singular manera de usar sus bellísimos ojos para expresar las emociones. Del cine parlante, su medio día artístico, posee el tesoro de su voz grave, de color pasional y de acentos estremecedores. En este instante, en la mejor hora de su tarde artística, pisa por primera vez en su suelo patrio un escenario ceñido a la realidad teatral. Está en la luminosa hora de su largo día artístico. El horizonte sin nubes, en la región más transparente del teatro, poseedora del tesoro natural de facultades artísticas con que la dotó la naturaleza y que ella ha sabido acrecentar con intereses –su mayor interés radica en su constante superación–, inicia una nueva carrera, en plena madurez, segura de que cada hora del día, cada año en la vida, tiene su profundidad y son renovada oportunidad de generosa nos ofrece la vida.
Lola del Río ensayó el teatro en los Estados Unidos, creando del personaje histórico de Anastasia de Rusia, y, segura de sí misma, resolvió al fin de hacer su aparición en la escena mexicana. Eligió una antigua comedia en la que se encuentran todos los elementos de prueba para afirmar una larga carrera de éxitos indiscutibles. Lola del Río se ha presentado como primerísima actriz con la protagosnista –la señora Erlynne– de la comedia inglesa de costumbres: El abanico de Lady Windermere, de Oscar Wilde, pieza nueva para estas generaciones, y más aún porque la ha creado la maestría autoral de Salvador Novo. Esta bella y muy representada comedia de Wilde, es novedad para las actuales generaciones del teatro, pero no en nuestros escenarios, representada en su oportunidad y en la hora oportuna de cada una de las intérpretes que encarnaron el personaje al que ahora da vida Lola del Río. por Virginia Fábregas, Mercedes Navarro y María Tereza Montoya; por cierto que esta ilustre actriz la interpretó en la hora respectiva en que pudo ser Lady Windermere y la señora Erlynne. También la representó en México, en la plenitud de su carrera artística, la actriz española Irene López Heredia. Otras interpretaciones que recuerdo del personaje que ahora crea Lola del Río, poco afortunada por cierto, son las de María Guerrero y Camila Quiroga.
Lola del Río es en el teatro la gran actriz que ha sido siempre en el cine. Bellísima, cálida en sus reacciones artísticas, profunda en su clima dramático, como una espléndida tarde de verano, creó con seguridad y absoluta responsabilidad el difícil personaje, mostrándose mundana y desenvuelta, haciendo fácil esa difícil facilidad que da el dominio del oficio, durante el primer acto. Dijo con maestría y emoción la escena nudo de la trama y de prueba para toda buena actriz, durante el segundo acto, y se mostró tierna, patética y emotiva durante las escenas del tercer acto, convenciendo y removiendo como actriz que pisa las tablas con seguridad, maneja las emociones con sabiduría y sabe cómo hallar y subrayar aquellos acentos en la voz que se hacen verdad y congoja en la garganta porque llegan a ella por los vasos comunicantes del sentimiento y del pensamiento, cerebro y corazón, columnas invisibles sobre las que descansa inexcusablemente la personalidad artística. Vistió su personaje con lujo y propiedad, y en ningún instante dejó de ser Lola del Río, es decir, realidad de gran actriz. Bienvenida Lola del Río, en la mejor hora de su vida, a la escena mexicana.
La revelación de la noche fue la bellísima, fina, dulce y tierna, y, sobre todo, talentosa actriz española María Rivas, como lady Windermere. Apenas ayer llegó a nuestra escena y ya puede asegurarse de ella que es una actriz excelente. De bella presencia, posee una voz con matices espontáneos para colorar las mejores emociones teatrales. No pierde todavía la música de su tierra de origen, pero esto no le estorba a la hora de expresar emociones. Actúo con una seguridad sorprendente y aun creo que en ocasiones frenó las impaciencias de su exquisito temperamento. Lucieron radiante sus veinte y pocos años, y como lució atuendos del mejor gusto, verla y escucharla fue un regalo para los ojos y un privilegio para la emoción. Bienvenida esta juvenil y talentosa actriz a la escena mexicana.
Anita Blanch, notabilísima actriz, creó con su extraordinario dominio el personaje de la duquesa de Berwick. Está Anita Blanch en la cumbre de su carrera. Para ella fue la única ovación en un mutis.
El resto del numeroso conjunto femenino, espléndidamente vestido, fue precioso marco en esta representación. De mucha importancia debe ser la calidad de los actores que precisa una buena interpretación de El abanico. Por su presencia física ninguno desentona y todos cumplen en sus respectivas interpretaciones. Carlos Navarro luce espléndido y convence como Lord Windermere. Joaquín Cordero se mostró nervioso como Lord Darlington. Qué lastima que sufriera súbita afonía Tito Junco. Julio Monterde, Emilio Gaete y Felipe Santander cumplieron con discreción. El resto formó el clima y compuso el fondo de la excelente interpretación que presidió Lola del Río.
La traducción de Salvador Novo es limpia y ágil, aunque extrañamos algunas "ingeniosidades" wildeanas. Modificó el final, mejorando lo que debe ser la lógica conclusión de un escándalo social, dramático y sentimental. No tiene importancia decir en qué consistió el cambió que, indudablemente, mejora la pieza de Wilde.
La dirección, de Romney Brent, muy profesional y, naturalmente, cargada de esperiencia. Brent es mexicano, nacido en Saltillo, pero hecho excelente actor y gran director en los Estados Unidos. Su nombre mexicano es Rómulo Larralde. David Antón creó una escenografía rica, suntuosa, un poco epatante, pero nunca de mal gusto. El vestuario, riquísimo y ajustado a la época en que se estrenó Lady windermere's fan, de Oscar Fingal O'Flahertie Wills Wilde, en el teatro St. James Theatre, de Londres, en febrero de 1892.
Fue esta una velada trascendental en la historia del teatro en México.